La libreta blanca

Ésta libreta es cuadriculada.

La hubiera preferido blanca, libre. Creo que los pensamientos tienen más donde jugar si les quitas la vía, o el camino. ¿No es más divertido jugar en un extenso prado? Con los pensamientos pasa igual.

Pero de pequeñita me pedían la libreta cuadriculada.

También me pedían que no me saliera de la línea, y que escribiera con buena letra. Me pedían que pintara el sol de amarillo y el mar de azul. Me pedían que cumpliera las normas de todos los juegos, y que hiciera los deberes sin falta. Me pedían que me portara bien y que me lo comiera todo. Me pedían que no saltara la valla, y que no cruzara en rojo.

A estas alturas de la vida, he aprendido cosas nuevas aparte de lo que me decía mi querida profe, y ya no me gustan las cosas cuadriculadas. Ya no me gusta que me digan por dónde tengo que escribir.

El chico de la librería me mira raro, con el precio en la boca… Pero yo no le digo nada. Vuelvo al estante, dejo la libreta cuadriculada y compro la blanca, lisa. Probaré a hundirme en el fondo blanco a ver qué hay detrás.


 

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