Inquieta

No dejaba de moverse. Se paseaba entre los clientes, incluso por delante de ellos, y se acercaba a menudo a la comida expuesta en el bar.

La gente la intentaba apartar cuando aparecía, cansados y hartos de su insistencia.

Daba vueltas sin sentido, no parecía buscar nada en concreto. Sólo molestaba.

Y de repente, todo acabó negro.

Un camarero, especialmente cansado, había aplastado a la pobre mosca bajo el periódico.


 

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