Eran sólo dos

Eran sólo dos

La gente los miraba jugar cuando pasaba por el parque, muertos todos de envidia.

Eso sí que era jugar. Correr, tirarse al suelo, pelearse, levantarse, perseguirse. Si corrían, corrían juntos. Si se tiraban al suelo, lo hacían juntos. Si se peleaban, necesariamente lo hacían juntos.

Pero ninguno de los dos se paraba a decir algo como: “ahora yo te persigo, y luego me persigues tú a mí”, o que pusiera normas: “el que más veces caiga al suelo, pierde”. Tampoco había nadie que contara los puntos para evitar trampas.

Porque al no haber normas, no hay trampas.

No había fin, no había pauta. Sólo relación. Sólo estaba el disfrute. “Yo estoy aquí, estoy contigo, tenemos esta energía y espacio para desperdiciarla. ¡Vamos allá! ”

Aunque ni siquiera se les pasaría por esa cabecita esta idea. No se les pasaría nada por la cabeza. Ni se plantearían nada. No planearon correr, ni pelearse, ni perseguirse. Nadie lo propuso. Nadie comentó. Nadie pensó. . . Ellos nunca piensan tanto las cosas. . .

Ellos sólo. . .

Energía. . .

Relación. . .

Libertad. . .

 

Los perros sí que saben vivir cada momento.

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Una respuesta a “Eran sólo dos

  1. Sanas relaciones… Relaciones sanas… El aquí y ahora… ¿Qué importa lo demás?

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