El problema

Llegó hablando mucho, toda preocupada. Había invitado a mi mejor amiga a tomar un té en casa, pero no parecía que el plan de estar tranquilas fuera a funcionar.  Parecía un hervidero de estrés.

Me mencionó un problema muy gordo, y enumeró todas las razones por las que era muy difícil hacer nada. Yo pensé con mi té en la mano, y le ofrecí una posible solución.

Ella contestó con otro problema  relacionado, mediante el cual mi solución no funcionaría, porque había muchos elementos en su contra.

Pensé de nuevo, y se me ocurrió otro posible camino de salida para su situación.

A ella se le ocurrió a su vez otro camino para volver al problema.

Yo pensé por última vez, y esta vez añadí un montón de razones más, también problemáticas, para convencerla de lo grande que era su problema.

Esta vez, se quedó tranquila.

–          ¿Más té?

–          Sí, por favor.

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