La Búsqueda

Lo buscaba con paciencia, entre el césped. Sabía que habría.

No pensaba en otra cosa. Sólo miraba cada brizna, arrodillada. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, pero le daba igual, tenía que encontrar uno.

Su cabeza no paraba de elaborar visualmente su estructura, su forma, para poder encontrarlo cuanto antes. Una brizna más allá, o una hoja que se camufla. Su mente las dibujaba, sin que hubiera nada más allá, ni nadie.

La fijación hacía que no abandonara. El ahora lo reclamaba. Llegado a un punto, necesitaba encontrarlo. No quería sentir ese pequeño vacío, y llenarlo con rabia. Quería encontrarlo antes de que nadie la echara de allí.

Y por fin, vio uno. ¡Lo vio! La urgencia le llevó las manos directamente al punto, separó las hojas con cuidado y se tomó un segundo para confirmar que su mente no la engañaba.

Un alivio y una satisfacción enorme la recorrieron. Sería la persona más feliz de la Tierra en ese instante.

Cortó el tallo y salió corriendo.

–          ¡Mira, Mamá! ¡He encontrado uno!

–          ¿Un qué, mi niña?

–          ¡Un trébol de cuatro hojas!

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