El Centro de Atención

Ayer salimos a comprar. Buen sol, buen día.

Por el camino nos encontramos a unas amigas de mi familia. Yo no sabía quiénes eran, pero mi madre, que venía conmigo, sí las conocía y las saludó.

En seguida, sin conocerme ni presentarse, empezaron a pedirme cosas y a tomarse libertades. Me cogieron de la mano y me tocaron las piernas y el vientre…

Imagina mi pasmo…  ¿A qué viene esto?

Todas me prestaban atención. Todas encima de mí. Todas me sonreían, me levantaban la voz e intentaban tocarme. Dos de ellas sacaron fotos.

El agobio crecía. Intenté separarme.

Mi madre no me lo permitió y me hizo saludar.

Una de las que me hizo fotos me llamó “pollito” (¿perdón?)…  me besó repetidamente, y luego me pidió que la besara yo a ella: “¿Me das un beso?”

No, por favor, no quiero besarte… ni acercarme, ni que te acerques, pero no sé decirlo. Lo que quiero es salir corriendo. Dejadme.

Mi madre insistió, “Venga, dale un beso a la tita Susana”

No podía más, eché a llorar y todas se escandalizaron… pero con pena.

¿Es que nunca habían visto a una niña de dos años llorando?

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