La Caida

Aún me quedan fuerzas.

Llevo mucho tiempo aquí, he crecido aquí, mi mundo es todo esto. ¿Cómo voy a soltarlo?

Ojalá pudiera evitarlo. Ojalá pudiera quedarme eternamente, pero la realidad es que no aguantaré mucho. La caída será inevitable.

¿Qué pasará ahora? No conozco nada, no sabré donde estaré, no sabré cómo sobrevivir. ¿Y si sufro? ¿Y si muero?

Voy a perderlo todo.

Me agarro, no quiero soltarlo. Me agarro…

Quisiera gritar y llorar, darle espacio al miedo. Desenganchar la rabia.

Pero no puedo, y además, nadie me oiría.

No puedo más.

El viento da un tirón a mis últimas fuerzas, y me tira al vacío.

Aún puedo echar una mirada al árbol que ha sido mi padre y mi mundo, se hace raro verlo desde aquí, tan lejos. Ya no siento miedo.

La caída se hace eterna, apacible, para mi sorpresa. Y llego al colchón de cadáveres de mis hermanas, aquellas que cayeron antes que yo.

Ahora sé que sólo voy esperar la muerte junto a ellas.

Una muerte lenta de amarillos y marrones.

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